jueves, 11 de febrero de 2010

1000 GRULLAS POR UN DESEO

Matisse. MOMA N.Y. JC

Aquella mañana de abril Victoria estaba ansiosa, anhelaba el olor a plastilina que recordaba su memoria infantil. Era una mujer de cara lánguida, ojos grandes (uno más que el otro) cabello negro, parecida a una de esas mujeres Modiglianescas. Su mirada fingía una conformidad que su alma no sentía.
En sus días escolares había escuchado de labios de un profesor de artes que si hacía 1000 grullas de papel, podría pedir un deseo y este se le cumpliría, era una antigua leyenda China que tomó muy enserio. Su agilidad con las manualidades fueron el motor de los interminables días de ocio que la perseguían sin tregua. Era profesora de natación en las mañanas, el resto del día se dedicaba a soñar con figuras de papel, especialmente con grullas. Era una mujer especial, obraba con tranquilidad, pero una noche su forma de ver su cotidianidad cambió. Un sueño invadía sus profundos estados de irrealidad, era el mismo cada noche, un vez sus ojos se cerraban veía una escena única, Victoria sentía que aquella imagen se había convertido en parte de su vida sin comprenderlo muy bien, al amanecer se preguntaba ¿Por qué unas tijeras punta Roma amarillas?
Sentada frente al mar sobre sus rodillas mira hacia el horizonte, plena, dichosa, llena de vida, de pronto Victoria mira la arena, descubre a su lado izquierdo una caja grande de plastilina, la toma, saca las barras de colores y las huele una a una con la intensidad con la que se huele el aliento del ser amado. Su atención se desvía hacia su otro costado, un objeto amarillo se logra ver enterrado en la arena, con sus uñas logra sacar unas tijeras punta roma y en derredor suyo observa un círculo de grullas de papel, se incorpora con las tijeras en la mano y corta las cabezas de las aves de origami y sus cuerpos los arroja al mar.
Tic, tac, tic, tac, son las 5:00 horas con 12 minutos y 27 segundos, es hora de iniciar un nuevo día, Victoria despierta, no comprende el ¿por qué? de su sueño; era una jugarreta irónica de su propia mente, de día se dedicaba con esmero a hacer grullas que en la noche decapitaba con unas punta Roma color amarillo. ¿De dónde salían las tijeras? ¿Por qué amarillas y enterradas? Pensaba sin vislumbrar el complejo mundo de su inconsciente. Se levanta de su cama y se dirige a la cajita donde guarda las grullas de papel, están intactas.
Después de varios meses, Victoria continúa con el mismo sueño cada noche, pero esta mañana despierta cubierta de grullas de papel, todas sobre la cama, decapitadas y descubre que bajo su almohada se encuentran unas tijeras, las mismas del sueño que estando ahora en vigilia recordaba como las punta Roma de color amarillo que su madre le había obsequiado antes de morir, estando ella en segundo grado de primaria.
Después de este momento decidió no hacer más grullas, su deseo de volver a ver a su madre no era más que una pretensión imposible que se iba navegando en el mar.
NINI VILLEGAS VELEZ

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