Agobiada por tu insulsa presencia me estorbo como si no fuera dueña de mis inexactitudes y presiento no poder salir de esta encrucijada inexorable, ¿cómo fue que pasó? Un día en el purgatorio y otro en el infierno fatal, falaz e inmutable.
Resentida, casi como una ermitaña los días pasan y me hurtas la fuerza, ¡odio reprimir tantas pasiones por tu culpa! , por esa sencilla manía a la cercanía inefablemente agónica, una pesquisa cotidiana a tu ineptitud, misterio e ímpetu, una especie de hostilidad de mis palabras frente a los silencios que profanan tus grandes ironías.
Impávida ante tus delirios, soy como la corriente que transcurre por tus versatilidades ante lluvias y primaveras, agitados azotes del viento y de la multitud gritándole al horizonte nimiedades que duelen en lo profundo como esa misantropía que asquea la armazón que pusiste ante mi lumbre corporeidad.
Me ro, lloro, te pienso, siempre es bueno alejarme de tu bullicio, tu falaz temperamento embustero, mi tramposo temperamento,mis elogios, tus conclusiones, mis hipótesis, tus axiomas.
Ojalá el papel te encerrara para no tener que convivir con tan despreciable caracterización de mi esencia, supongo, tendré que ahogarte en la lluvia que profana la tinta acumulada en este tintero, un castigo innecesario para alguien que prefiere sufrir.
(5) KJCE.
Fuerte y sin concesiones
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