
Me encuentro en un pasillo oscuro largo y frío, mis ojos sin embargo no son ciegos pues al final de este pasillo se vislumbra una hermosa luz color canela, un olor abrumador y que aún no logro identificar corroe las paredes llenas de misterio.

Mientras me aventuro a cruzarlo, por mis oídos se cruzan miles de sonidos; infinitas calidades vocales que cuentan millones de historias que poco a poco revolucionan todos mis sentidos, me llevan a estremecer, a eyacular, a gritar, a llora y a detener mi recorrido pues no encuentro más opción que caer al piso frío hilarante de risa. Y es precisamente que después de ese clímax viene una calma, un precioso momento de absoluta lucidez; el pasillo se torna más cálido, las voces se apagan, y el olor se vuelve una revelación para mí.
Las soluciones salinas han penetrado las páginas de mi guión, mi sudor, mis alegrías y tristezas, las vertientes corpóreas de otros y finalmente aquel rollo fiel testigo de todo, testigo dispuesto a ser interrogado y que promete responder con toda franqueza; dispuesto a ser ultrajado físicamente con tal de llegar a esa máquina poderosa, sabrosa, con curvas espectaculares y que tiene una luz como ninguna otra; por supuesto, eh salido del cuarto oscuro y frente a mí se impone el proyector de 35MM… mi sueño mojado, mi primera película, está completa.
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MEMORIA INCANDESCENTE
Es esa fecha al azar del año, mes sin importancia, año de nostalgia pues es pasado mas no añorado. Son las 3 PM y todos revolotean, yo hago sumas y restas en una abadía que al quinto año me desprecio para siempre, tres horas más pasan; la excitación se acumula, ¡estoy a 20 minutos y un taco de tres horas de llegar a casa!, al hogar donde una madre desgarrada aguarda mi regreso diario para efímeramente despedirse y partir a su habitual pero molesta clase nocturna, yo sin embargo miró esta situación como una montaña rusa hecha de oro glaseado, pero ya estoy divergiendo.
Las 8 PM se aproximan, termino el arroz e inmediatamente aquel silbido particular que solo nosotros 5 conocemos fonéticamente bien se hace escuchar, lo sé, es hora. Debo ser paciente pues Marisol aun no ha tomado rumbo hacía su depósito nocturno diario; pero in so facto que lo hace, in so facto que me largo. Bajo los dos pisos de escaleras, me borro y acumulo una cicatriz más como es costumbre diaria, en mi bolsillo retumba y producen descontrolada armonía aquellos utensilios que serán autores de nuestro enorme pero banal disfrute en este viernes frío de fecha al azar sin mes importante y de año nostálgico mas no añorado.
- Saque la lata – le dice el morocho al león obeso, “no apure” ruge con miedo el león. “¿A verlas?” reclama una vez más el morocho líder, está vez al narrador desventurado quién por su propio bien se abstendrá de revelar aquel código social con el cual se le identificaba en esos años que ya acontecieron; “Píllelas” y acto seguido vertí sobre sus manos aquel objeto que hoy en día presente actúa como catalizador de este viaje al pasado; “¿dónde están los minis?” esa fue la pregunta del narrador desventurado, pero el narrador desventurado jamás consiguió respuesta, ese es el problema de estar abajo en las líneas de la jerarquía. El león finalizó de armar las latas, el morocho líder sacó las velas y la candela, prenderle fuego hizo y estratégicamente ubicando mi catalizador sobre la lata la esperma se acumuló, el calor se intensifico y de un escupitajo recargado de mucosa el diablo realizó una danza privada frente a nosotros; el precio fue mínimo, Don Gerardo tendría que limpiar su garaje, de nuevo, al día siguiente. El diablo bailó toda la noche.

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SAN PEDRO PERTENECE A LA BURGUESÍA
No sé por dónde comenzar, todo en los bares me molesta; las dinámicas, los precios, los espacios y sus destinaciones, los estúpidos juegos de rol, las predisposiciones sociales, el acomodarse a lo que te pongan a escuchar así fuera que vayas al bar donde ponen tu música predilecta; pero todo sea por que ella sonría, “tomémonos un Ópera” es mi mejor excusa. Eso cubre lo que escoger un destino.
Más molesto es darse el trabajo de observar, 30 parejas en un bar envueltas en un absurdo paradigma de que el lugar es especial, de que ponen la música porqué de alguna manera el “DJ” (que no es más que el sobrino del dueño haciendo algo medianamente útil los fines de semana) sabe lo que esa pareja necesita escuchar. Todos comparten un café, una cerveza o un café, todos sonríen, se comparten la bebida; todo es sonrisas, abrazos, besos y cantos melancólicos. El ambiente está cargado de madera, cañería rota, pintura vieja, cerveza nueva y café habitual… vidrio mal lavado; el sudor producto del horror de precios exorbitantes. Vaya a que sea la primera cita, bastardo iluso que cree que va a tener sexo ese día.
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Salga del bar, se acabo la historia.
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Luis Felipe Quintana B.

Interesante y compleja mirada, kafkiano el encuentro, válido serían unos detalles de los objetos con la misma mirada o símil.
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