viernes, 26 de febrero de 2010

CRUXIFICIÓN

Aquí acostado, desde el centro del mundo, huyendo a través de la tierra, como un Dios crucificado, busco escapar de los gritos nacidos desde el centro de la ciudad, pero ellos, eternamente vivos, se precipitan sobre mí como la noche sobre el día.
Escucho los lamentos de las estrellas que no titilan en la noche porque están acostadas en colchones sin tendidos.
Me estorban los ruidos de la pernicia de un hombre llamado Fredy, en Niquitao, pegándole a verónica en la cara, me queman los ruidos de sus manos que retumban contra el suelo.
Presiento los murmullos de la muerte cuando llega, como una mensajera del destino, como la fría ejecutora de su voluntad.
Ahora Quisiera estar lejos de lo ojos de los hombres como si mi cuerpo estuviera plagado de lepra, no quiero que me vean quienes antes me conocieron.
Más piadosa seria la muerte, ahora que estoy perdido, estoy vacío
¡No encuentro el rastro del camino!.

POR: CAROLINA MAZUERA

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