miércoles, 9 de febrero de 2011

LA FAMILIA DE COLORES



La diversidad cultural que caracteriza nuestro país, es uno de los motivos por los cuales las familias son cada vez más tradicionalistas y hacen uso de su tiempo libre con actividades lúdicas logrando la integración y el acogimiento de cada uno de los miembros de dicho núcleo.

Es así, como mi familia conformada por cuatro personas, al finalizar la jornada nos reunimos para compartir los diferentes hechos transcurridos durante la semana y nada más agradable que hacerlo disfrutando de una partida de parqués.

Para dar inicio, todos tomamos la mejor posición y escogemos el color de las fichas con las cuales queremos competir. Entre verde, rojo, azul y amarillo nos disponemos a elegir estratégicamente la mejor jugada y no tener que ser devueltos, lo que dentro de este juego se conoce como la cárcel.

Es tan común este pasatiempo en mi hogar que cada uno ya se identifica con un color en particular, y no sé si sea alguna coincidencia pero la verdad desde el simbolismo de cada color, puedo atreverme a decir, que el personaje que inventó los cuatro colores de las fichas del parqués estaba pensando en mi familia.

Un hombre brillante y lúcido, ágil pensador, a veces tanto, que está pensado en mil cosas, que termina olvidándose de lo más simple. Siempre está persiguiendo alguna idea, y por muy loca que sea espera hacerla realidad. Sí, este es mi papá, aunque no tan intenso como el color amarillo si hace alarde de las características ya mencionadas de y otras más.

El calor que acoge cada rincón de mi hogar, la líder de todo encuentro sin dejar pasar ningún detalle, es mi mamá, tan alegre e impulsiva como el color rojo, la identifica un temperamento vital, ambicioso y material.

Avanzamos cada vez más a la meta final, o ha punto de sacar alguna de las fichas, una mala táctica de juego pone en peligro el destino del mejor jugador que por lo general lo representa el color rojo; pero como no falta la piedra en el zapato, mi hermana que muy bien le queda el color verde, malparada en el camino y en medio de su definida indiferencia y frescura por todo, no hace caso al suceso y sigue el juego.

Predisposición es lo que a mí me caracteriza; así como el azul la frialdad y la armonía pueden ser mis virtudes o debilidades a la hora de enfrentar el juego de la vida, que día tras día trae nuevas ocurrencias.

1 comentario:

  1. Me gusta el símil y el encuentro con los recuerdos y lo cotidiano, y como tu misma lo dices, esa frialdad podría constituirse en elemento exploratorio y allí cabe el cinismo, el sarcasmo, la ironía y el juego con la palabra.

    ResponderEliminar