miércoles, 13 de abril de 2011


LA CASITA DEL HORROR
Y quién entrará sino mi alma vagabunda al desolado lugar de las pesadillas de otros? Y quién más que yo querrá morir entre columnas agrietadas y madera consumida por el tiempo? Ella recitaba esa frase una y otra vez mientras se acercaba a su agobiante destino, Charlie la esperaba en las penumbras del gran árbol, sabía perfectamente que sería la última vez que la vería y aún así la incitaba a entrar al desgarrador lugar; ella lo deseaba y lo odiaba por ello; él a su vez no la quería en su futuro, pero cada que se acercaba no lograba contener las ganas de tenerla nuevamente para sí. Era una relación autodestructiva, pero a los dos les gustaba de esa manera…
Sabes que no habrá mañana… le susurra Charlie al oído, - Nunca hubo un mañana, responde Nicol con esa expresión indescifrable que siempre lo molestó. Charlie la mira con seriedad, le da un beso, le agarra la mano y la arrastra hacia adentro.
Nicol sólo veía oscuridad, sentía aun el calor de la mano de Charlie que amarraba la suya, pero veía venir ese vacío interminable. El espíritu andante la guiaba hacia su destino entre recónditos negros que se desvanecían al susurro de chispeantes luces caleidoscópicas; ella sintió que todo era un sueño y relajó su cuerpo, pero en ese instante cayó al suelo en un sonido sordo; no gritó, no hizo ruido alguno, esperó unos segundos, pero todo era silencio, entendió que ya no estaba allí, él se había ido, la había dejado, una lágrima resbalo por su mejilla, se levantó y siguió caminando en soledad por los oscuros pasillos, escuchó risas que provenían del fondo de algún lugar de ese gran algo en el que se hallaba, se detuvo , las risas continuaron, cada vez se hacían más fuertes hasta que las escuchó casi a su lado. Nicol se acurrucó y se tapó los oídos con fuerza, comenzó a tararear una melodía y a mecerse de atrás para adelante, lágrimas rodaban por sus mejillas, de repente las risas se detuvieron y una gran luz iluminó el lugar. Nicol abrió los ojos, había gente caminando por doquier, luces de colores se reflejaban en las paredes y cambiaban de tonalidad el ambiente, niños reían, trapecistas colgaban de los techos, chicos disfrazados montaban monociclos mientras tomaban fotos por doquier con cámaras desechables; uno de ellos paró ante Nicol y le enseñó una fotografía, ella la tomó entre sus manos y la miró con detalle, no logró reconocer la figura que en ella había, volvió la mirada al chico del monociclo, pero él ya no estaba allí, caminó por el lugar tratando de encontrarlo, pero no había rastros de él, siguió caminando hasta dar con una gran puerta de madera, la empujó con dificultad y la puerta rechinó, todo quedo en silencio, las luces se volvieron tenues, los monociclos desaparecieron y todas las personas la miraban fijamente, ella cerró los ojos y siguió empujando la gran puerta hasta que pudo abrir un espacio y pasar por ella, cuando abrió los ojos de nuevo se encontró en la entrada de ese horrible lugar, a un lado estaba el árbol donde Charlie la esperaba todas las noches, era de noche, pero Charlie no estaba allí. En su mano todavía sostenía la fotografía que el chico del monociclo le había entregado en aquel lugar, la miró nuevamente y se sorprendió al ver que la figura que antes no reconocía era Charlie, sosteniendo una cámara desechable en posición de tomar una foto, ella acercó la fotografía a su rostro y detalló la cámara desechable, de ésta salió una luz de Flash cegadora que iluminó todo a su alrededor, cuando la luz se disipó Nicol había desaparecido, el lugar estaba en penumbras y sólo quedaba en el suelo la fotografía de una figura borrosa, irreconocible.

Por: María Isabel González

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