miércoles, 13 de abril de 2011

LA CASITA DEL HORROR

La casita del horror no es otra cosa más que la realidad de la contratación en obras públicas del país del Sagrado Corazón. En la actualidad, muchas de las ciudades colombianas atraviesan por el llamado cartel de la contratación. Debido a la magnitud de la Capital del país fue más notoria de dicha situación, pues cruzar por cada una de sus calles, genera múltiples inconvenientes en la cotidianidad de cada transeúnte.
Sin embargo, el resto de las principales ciudades no se libran del bochornoso suceso y si bien la imagen muestra como tratan de restaurar una obra pública, de acceso para todos los ciudadanos que presta un servicio público; no brinda las condiciones dignas para ofrecer un servicio.
Hoy, en Colombia no se habla de funcionarios corruptos, la corrupción se ha convertido en la epidémica institucional. Desde siempre este tema ha estado al margen de la opinión pública, pero ahora es el principal tanto en la agenda de los medios como en la de los contratistas, que para poder acceder a un acuerdo no puede ser de forma honesta, sino por el contrario, deben inmersos estar en el carrusel.
Toda esta coyuntura se origina desde la campaña electoral de cada posible gobernante. Hay algunos contratistas que donan recursos económicos a los candidatos, mientras hay otros que además de plata enciman votos. Al final los contratistas someten al elegido. Este proceso es tan sofisticado, que hay contratistas que adquieren más votos que los mismos candidatos, el llamado clientelismo; así en Colombia existen ciudades en las que pueden reunirse dos o tres candidatos a una Alcaldía en algún evento y llega el contratista y sus aliados se amontonan es alrededor del contratista.
Casi ningún contratista se somete a elegir congresista, porque ese tipo de personajes no ejecutan recursos directamente. Solo respaldan a los que pueden tener cuotas en instituciones descentralizadas y que pueden gestionar contratación, y esos son pocos.
Hay regiones ricas, pero que hoy están pobres porque el anterior alcalde pidió vigencias futuras. Por ejemplo, si en un municipio está endeudado o tiene vigencias futuras, lo que hacen los contratistas es darle una liguita al que va ser el alcalde. Con este panorama, resulta ser más rentable corrupto que narco; hay contratistas más ricos que los narcotraficantes, con contratos en todo el país, pero dichos contratos no son grandes para no evidenciarse; así estos antihéroes aventajaron a los políticos.

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