Bueno yo no es que sea chismosa pero dar información no se pecado; imagínense qué… bueno no se imaginen mejor yo les cuento, nuestra querida compañera Lina, si esa, Linita disque se enredó con un tipo que le dobla su edad, pues si, dicen por ahí, aunque no me consta que lo conoció por internet y que se mantenían mandándose e-mails.
Resulta que el tipo tiene una combinación de gustos bien particular, sí de esos que les gusta Rocío Durcal y Ana Gabriel. AH! Pero si es que no les he dicho el nombre del susodicho se llama Edwin.
Entre tantos correos decidieron conocerse y su punto de encuentro fue la universidad de Medellín, porque es que nuestro querido Edwin resulto ser profesor de ésta y de la de Antioquia; bueno ese día el romance siguió y se fueron a comer algo al mal de Pies Descalzos y el tipo disque pagó con un cupón de descuento, ¡Ah! Cómo la ven, hubiera sido mejor que se la llevara para un corrientazo; cuando salieron de allí la mala suerte los acompañó porque se les dañó el carro, el Renault 4 no aguantó más; Edwin llamó a una grúa para que fuera por el carrito y mientras esperaban sacó una caja y de ahí un pedazo de chunchurria que le dio a la pobre Linita y para acabar de componer la cosa le compró un bolis a un paletero que pasaba y también se lo dio; no no no yo no sé cómo Lina se aguataba. Se hizo tarde y por fin llegó la grúa y viéndose sin carro les tocó coger una buseta; y en el transcurso Edwin le hizo a Lina la propuesta indecente, y sinceramente no sé como ella aceptó pero lo hizo; así que resultaron por allá en un motel y Edwin como por quedar bien pidió un servicio a la habitación: pescado y una botella de Moscatel… mejor dicho!! Mientras Lina tomaba un poco de vino dicen solo dicen que, que el tipo sacó un bareto del bolsillo y empezó a fumar disque era casi un ritual para él; eee es que Lina aguanta mucho; bueno pero eso no es lo más decepcionante cuando empezó la función y Edwin empezó a bajarse el pantalón y Ayyy Dios!! Lina veía algo extraño y ¡oh! Por Dios unos calzoncillos no cuales calzoncillos unas tangas de leopardo, parecían compradas en el peor local del hueco; dicen que Lina no sabía qué hacer, cómo safarse hasta que empezó a sonar el celular de Edwin y ella le decía que contestara pero él que no que porque seguro era la mamá a molestar, pero como no, en una de esas Lina contestó y quien le hablo era una mujer, pero no era la mamá sino una mujer pidiendo que le pasaran a su esposo; pues si señores, Edwin resultó ser casado… y con esta razón Lina le dijo: chao amiguito; aunque para ella esto fue un alivio, de la que se libro Linita.
VIVIANA MONTOYA
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