miércoles, 16 de febrero de 2011

Historia de un Bar...

Daniela me ha mentido vilmente… No tomó!

Fuimos a un bar cercano, parecía barato, por eso entramos; estaba oscuro, pendones de bambú forraban las paredes, habían algunas personas sentadas en las mesas estilo cantina (pero no estábamos en una cantina), casi todas eran parejas y uno que otro grupo de chicas. Música fuerte y suave llenaba el ambiente, Rock y Reggae adornaban los murmullos de los individuos que convivían en ese espacio, en ese tiempo, ese presente con miles de sonidos que nos hacían viajar, hundirnos en lo más profundo o volar hacia el infinito. Nos sentamos y pedimos unas cervezas, ella rasgaba la etiqueta de la botella y aún así no tomaba… Las dos hablaban mientras yo escuchaba sus voces, yo las observaba callada, minutos después di mi primer sorbo. Natalia le dice a Daniela ¡Calmate!, ella odia que Natalia le diga eso, pero le gusta llevar su cabello recogido. Suena un Reggae, la pareja que está en frente habla bajo, las manos de él y ella se rosan, él la mira, luego vuelve su vista a varios lados, da un sorbo de su botella y sigue su conversación baja.

El grupo de chicas habla tranquilo, se ríen, una de ellas está bastante concentrada en lo que otra dice, sonríe, levanta la mirada y ve el video que está pasando por el plasma, es el videoclip de una canción suave, relajante, algo depresiva… Creo que me hace extrañar... Tomo otro sorbo de mi cerveza, ellas siguen hablando, yo doy uno que otro comentario de lo que dicen y rio.

El barman canta mientras ve la pantalla de su PC; mira a la señora del lado, le dice algo, al parecer nada importante, vuelve a cantar. Las botellas y copas llaman mi atención, están encima de él en una repisa, pero están vacías, son solo adornos; debajo de éstas están unas más interesantes, son de colores, verdes, azules, rojas, amarillas; resplandecen en la oscuridad del lugar… Muy hermosas. Él coge una y sirve un poco de su líquido en un vaso. Me tensiono, siento cierta presencia no muy cómoda, volteo, un hombre me mira a los ojos, volteo la mirada, la regreso, su novia llega, él la ve y ella le hace una expresión de desagrado o incomodidad, él se levanta y los dos salen del bar.

Un niño pequeño entra al lugar (Acaso pueden los niños entrar a este bar?), él ve todo con sorpresa, va de un lado a otro, sus ojos ondean entre personas, objetos y tragos; creo que se siente perdido, no sabe dónde está… Será así como se siente un cachorro cuando lo separan de su madre y llega a la casa en la cual tendrá que pasar sus días? No me gusta ver como alejan a alguien tan pequeño, indefenso, de su madre… Los animales soportan mejor el dolor y la pérdida que nosotros, son sólo seres incomprendidos y nosotros solemos hacerles mucho mal por ello… Somos una porquería.

Un hombre muere desangrado… Que poco usual en esta sociedad no? Ja Bueno, no es el mejor video que he visto en toda la noche, pero tampoco está tan mal… En el techo hay varias lámparas, porqué están allí si no las prenden? Arruinarían la iluminación del lugar, supongo… la perfecta iluminación para un lugar que pretende intimidad y relajación entre el éxtasis y gozo de su música; qué mejor iluminación entonces que la tan apreciada oscuridad? Ella habla de su ex novio; no sé porqué siempre que salimos solas a lugares como estos terminamos hablando de relaciones tormentosas, sexo, drogas y… Por qué no? rock and roll… Ella está enojada, no lo quiere volver a ver, dice que no lo soporta, pero sé que lo extraña; juega con su collar mientras habla, es una pequeña armónica, compró dos una vez que fue al centro, adivinen quien tiene la otra? Ella la sopla, sale un sonido agudo de ella, nosotras la miramos y ella continúa hablando.

Pasan algunas horas, dos botellas y tres Shots; Daniela decidió tomar con nosotras, por fin! Solo un pequeño Shot, pero es preferible a nada… Nos quedamos calladas unos segundos, nos miramos las caras y decidimos marcharnos, nos esperan en otro lugar, tal vez no sea un escenario tan fascinante, pero bien se yo que entraremos en una frecuencia que nos elevará a espacios inimaginables.

María Isabel González T.

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