Hay infinidad de posibilidades que han ocurrido, ocurrirán o están sucediendo en este instante, todas llevan a lo mismo pero con diferentes intenciones o fines, unos la utilizarán, la utilizan o la han utilizado en beneficio o maleficio del uno o del otro o de él mismo sea en sentido físico, mental, emocional y hasta espiritual.
Visualizaré el pasado, pues es lo que ya se conoce y ya se vivió, el presente, es decir, este instante lo empleo para escribir esta historia y el futuro aún no se ha vivido, seguramente haré el viaje, no sé cuándo ni dónde, no siendo más emprenderé el viaje, viaje a conquistar territorios, puede ser cualquiera, pero mi YO anhela ese, ese al que ya se ha acercado para explorar, y donde se escuchan lenguajes místicos y míticos de los espíritus, además de aromas imperceptibles para los sentidos pero no para el instinto.

Comienza el viaje, el Rey parte con su bastón de mando, siendo él y su bastón los seres más pod
erosos del universo, como el creador que visualiza y el creador que materializa, emprende su camino hacia lo desconocido, se dirige cauteloso hacia su destino, la ruta la lleva grabada en su genética y en su alma terrestre, en su intuición, pues no es consciente de ello, solo lo siente; el camino es desértico, solo siente el aire y el calor, hasta que encuentra a lo lejos un océano en movimiento que lo envuelve en el sonido que produce el juego del agua con el viento; sabe que está próximo, apura el paso, entre más cerca, mas atraído se siente y comienza a perder su voluntad, dejándose expuesto a su instinto.
Llega a la playa sintiendo como la humedad toca su cuerpo, pide permiso a ese gran y misterioso mar y con su bastón de poder abre paso entre las aguas, que entre más profundas, más agradable y calurosas.

Finalizando el camino encuentra la ciudad perdida que recibe un nuevo Rey, pero la prueba es abrir el domo y luchar para permanecer el mayor tiempo en su interior, compartiendo conocimientos y viviendo a sus habitantes en todos sus sentidos desde su parte física hasta su espíritu y así ser amo y señor de esta nueva tierra.
Se desata la gran lucha en el interior del lugar, es expulsado, por su persistencia no se rinde y con gran energía comienzan los diálogos en un trance profundo de lenguaje del alma para lograr la conciliación, entre más tiempo pasa, más profundo y fuerte se conoce, se enseña, se domina y se aprende de los habitantes; luego de un rato de beneficios mutuos, finaliza su conversación con un gran regalo energético para sus nuevos súbditos, se retira a su hogar con la promesa de regresar.
Por: Felipe León Jaramillo
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