miércoles, 17 de agosto de 2011

Estos eran mochileros

Entre las luces coloridas y los mareadores rayos intermitentes que iluminaban todo el lugar, podía apreciarse un grupo de tres atractivas mujeres con cuerpos prodigiosos, dos rubias y una morena, en las sillas altas de cojín rojo podía admirarse sus largas piernas debido a sus cortos vestidos con tacones muy altos que estilizaban sus figuras. Las tres jóvenes que no superaban los veintidós o veinticuatro años de edad, estaban acompañadas de un hombre calvo, de contextura delgada al que a diferencia de las mujeres la vida no había favorecido con dotes físicos. El hombre recorría una y otra vez el lugar con su mirada como si buscara algo, pedía a la mesera constantemente rondas de cocteles, aún después de las buenas intenciones del hombre por mantener satisfechas a las bellas mujeres, ellas no parecían muy a gusto, no conmversaban mucho ni reían. A pesar de tan despampanante belleza no eran muy cotizadas en el lugar, no se veía ningún hombre invitándolas a bailar ni ofreciéndoles un trago.

La noche era joven lo que no quería decir que la rumba lo era, entre Red Bull, ron, tequila, shots, cocteles, bonbombunes y éxtasis las personas comenzaban a enloquecer; este no era un lugar donde se invitaba a la primera cita, ni era visitado por grupos de inocentes colegialas, debido a que la mayoría de las personas salían de allí al mismo tiempo que el sol para lo que seguramente usaban sus gafas oscuras, no solían llegar muy temprano.

Quizá era por la xenofilia que padecen los habitantes de la ciudad o porque en realidad los cuatro hombres que llegaron eran bien parecidos (bueno solo tres), o también por el imaginario que tienen las mujeres paisas de que si no es colombiano es posiblemente un alto ejecutivo, ganadero, inventor, futbolista o alguna otra labor que otorgue grandes remuneraciónes económicas, lo que por ley de transitividad lo hace interesante. Los cuatro hombres llegaron y se instalaron en una de las mesas del lugar, parecían estar bañados por una luz divina porque todas las miradas femeninas estaban clavados en ellos. El hombre calvo y sus tres acompañantes no quitaban la mirada de los extranjeros, el hombre dijo algo a las chicas a lo que ellas se dirigieron a la mesa de los recién llegados. Uno de los cuatro hombres resaltaba, claramente era colombiano y no despertó ningún tipo de interés en ninguna de las mujeres. Las chicas se acercaron bailando con tragos en sus manos, una gran sonrisa y un profundo escote que hacia juego con las imágenes sujestivas plasmadas en las paredes, los rubios y altos caballeros estaban felices con su visita, un poco tímidos las tomaban por la cintura mientras intentaban seguir el ritmo de la música, ellas se desplomaban en sus brazos como doncellas frágiles que solo podían ser salvadas con fajitos de billetes; como ellos no parecían entender la dinámica del asunto, la malicia indígena de su nativo amigo les comunicó que era un servicio pago, que nada era gratis en esta ciudad y muchos menos las mujeres, ellos un poco desencantados y desilucionados a excepción del alemán quien se había entusiasmado con la chica de cabellos negro, vestido blanco y piernas largas, se dispersaron de las jóvenes incluso de la morena, a ellas no las desmotivo mucho el desplante de los extranjeros pues su guardaespaldas ya tenia en la mira otro blanco y las envió a otra de las mesas ocupada por tres hombres de treinta y tantos, había uno barbado mayor que los otros a quien no le intereso el juego.

La mujer morena se dirigió a la mesa del hombre calvo y después de una corta conversión regreso donde los extranjeros, propiamente donde el mas guapo, el alemán, quien sabia poco habar español lo que era una ventaja para la joven, ella le ofreció una pastillas de cortesía, sus pericias seductoras funcionaban, el hombre la invitaba a mas licor y ella le ofrecía mas drogas, los espesos eran propios de este lugar. El estaba más activo de lo normal, bailaba y brincaba, ella más calmada de lo normal, movía su cabeza de un lado al otro y se desvanecía en los brazos del hombre. De nuevo el colombiano que los acompañaba preocupado seguramente no por la joven sino por lo que vendría después con el hombre calvo, su poco conocimiento del asunto le decía que generalmente los proxenetas no eran personas muy sanas y temeroso por su vida, advirtió al alemán de la posible sobredosis que estaba padeciendo la chica pero él no hizo caso. Luego de otro trago ella se tumba en el suelo y comienza a convulsionar. De un momento a otro el colombiano ha desaparecido. El alemán a quien la droga que tiene lo lleva a creer que está enamorado de la mujer morena, la retira del lugar y en un taxi la lleva al hospital. Diez minutos mas tarde el hombre calvo regresa y no ve a su chica, inmediatamente reclama a los dos extranjeros quienes le cuentan lo sucedido, el proxeneta enfurecido busca a su chica por cielo y tierra. Ni él ni sus dos amigas vuelven a saber de ella.


Laura Márquez Tisnéss

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