En mi mediana vida he presenciado tantos actos sexuales como lo he deseado, las personas incluso sienten aversión por mi, las obscenidades, los impudores y los excesos son propios de mi fosco mundo. A pesar de haberlo hecho hasta empalagarme, no sé lo que es el placer, no sé si sea mi aspecto físico o mi apetito de sexo que salta a la vista pero mi visita nunca es grata donde llego.
Cuando se lleva una vida como la mía se aprende que el sexo no varía en las clases sociales, he visitado burdeles, prostíbulos, bares swingers, clubes homosexuales, he tenido a mujeres pobres, a hombres millonarios, homosexuales aparentando ser sementales y ni decir los constantes actos promíscuos que he evidenciado, he vivido penetraciónes anales, laterales, frontales, heterosexuales, homosexuales, incluso creo que alguna vez experimenté con animales.
Soy adicta a la sangre, según parece padezco un desorden cerebral llamado hematodixia, una especie de vampirismo, una enfermedad mental caracterizada por la excitacion sexual asociada con una necesidad compulsiva de sentir e ingerir la sangre, no creo estar enloqueciendo, las personas buscan constantemente maneras diferentes de tener sexo, yo me alimento y gozo de la sangre en el sexo. Mi parafilia sexual puede ser vista también como un fetiche, pero como ya dije, cada quien hace con el sexo lo que quiere.
En mi infancia tube mi primer acercamiento cuando me vi involucrada en un incidente sangriento en el que descubrí el placer que me producía la sangre, ingiero la sangre de otros seres humanos mordiendolos por placer, el sabor de ésta actúa para mí como una droga, como un alimento sin el cual no puedo vivir.
Puedo parecer la Condesa Elizabeth Bathory pero a diferencia suya no sobresalgo por mi belleza, mi pequeña estatura y piel un poco amarillenta no me dan los estándares de belleza necesarios para considerarme un prodigio, tampoco bebo la sangre de doncellas vírgenes, la virginidad va contra mis políticas obsenas y tampoco me gustan los sexos depilados, no es que sea coprofílica, es que le encuentro un inmenso deleite a pasearme entre los gruesos y negros bellos de las mujeres y hombres de todos los estatus, preferencias políticas, religiosas y sexuales.
Dicen que todos discriminamos y somos víctimas de ello en algún momento de nuestra vida en mayor o menos medida, yo nunca he discriminado a nadie, lo juro, a mi me gusta el sexo de todos, pero por el contrario si he sido víctima de tal repudio como situaciones sexuales he vivido, condición que no me afecta en lo mas mínimo, pues mientras haya sexo y sangre mis necesidades básicas se verán suplidas.
Si de viajes al sexo se trata, yo he tenido numerosos, aunque unos mejores y mas productivos que otros no me arrepiento de ninguno, las frondosas selvas que he visitado me han hecho lo que soy: una satisfecha ladilla.
Laura Márquez Tisnéss
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