No estaba preparada, dudaba si era la persona correcta; me sentía insegura de experimentar sensaciones. Para mi la Eucaristía y los res os constantes satisfacían mis necesidades. Confieso, que al acercarme al altar a comulgar, mi corazón latía fuerte mente, miraba fijamente al cura y sus ojos decían más que sus dedos cuando rosaban mis labios al darme la ostia.
"perdón señor, pequé contra ti y contra tu siervo", oraba mientras caminaba hacia la banca de la iglesia; mi arrepentimiento no duraba cinco minutos cuando su dulce voz daba la vendición final al alzar la mirada sentía que la suya se volvía a encontrar con la mía.
De camino hacia la casa mi esposo me notaba distante y pensativa, aunque yo entre risas le daba a entender que no pasaba nada.
en mi soledad viajaba a di menciones des conocidas, donde el santificara mi cuerpo y satisfaciera todos mis deseos, ni con mi espososo había imaginado tal viaje. Me preocupaba tal situación, porque ya mi devoción se había convertido solo en imaginación.
En la mañana del 25 de julio del 76, llevé panes con mermelada a la casa cural, cada mes se acostumbraba que las familias donaran algo para un desayuno para los pobres, toqué tres veces la puerta y nadie abría, me disponía para partir cuando escuche: "señora Mía, pase usted" mis piernas no respondían para caminar, sentí un escalofrío intenso , pensé "sonó bonita la frase , soy suya cundo quiera" mi nombre es Mía Sanchez y hasta el momento solo había tenido viajes al sexo con el cura de mi parroquia.
para terminar mi historia, esta no termina con final feliz, pues cuando entré a la casa cural ya habia una mujer adentro, su sonrisa me lo describio todo, ella tambien habia tenido viajes al sexo con el cura, a diferencia de mi , se havía arriegado.
Alejandra cadavid
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