miércoles, 3 de marzo de 2010

¿Dónde quedó lo elemental?




Siempre es algo decepcionante, o digamos mejor incómodo, ver personajes en la pantalla a los que uno ha conocido y ha aprendido a querer en las hojas. Leemos, releemos, nos imaginamos y nos acostumbramos a los personajes de los libros para que finalmente esas imágenes mentales y subjetivas de cada uno sean mutiladas por la interpretación de una o un grupo de personas. La relación que se había establecido entre el autor/personaje/lector es ahora atravesada por el contexto, la vida, la estética, el lenguaje y quien sabe que otro montón de cosas que el director y/o guionista y/o productor ha vivido a miles de kilómetros de nosotros.
Esta situación nunca va a ser del todo cómodo, siempre queda el sinsabor de los detalles omitidos en la pantalla que a uno lo cautivaron en el libro o la exageración de situaciones que uno no considera de real importancia dentro del relato. Es verdad que no vamos a estar de acuerdo, y alguna autoridad en el tema de las artes audiovisuales deben tener aquellos que nos presentan su versión con una narrativa y unas características visuales de innegable calidad, pero en el caso de Sherlock Holmes, dirigida por Guy Ritchie, me atrevería a decir que aparte del nombre y la “profesión” del detective creado por Connan Doyle, no hay mucho más del original.
Este director, que además fue el guionista, que es claro y comprensible que buscara reponer el dinero invertido en la producción de esta película, y ganarse algo más extra, haciendo del viejo y analítico Sherlock algo un poco más problemático, emocionante, aventurero… para que las personas fuéramos a cine necesitó sacar toda la genialidad del personaje, su fascinante proceso deductivo al resolver misterios y su gran capacidad de observación y convertirlo en un genio loco, desordenado, violento, que llamara más la atención por sus secuencias de acción y su atractivo (¿para qué negarlo?). El público actual se caracteriza por buscar generalmente acción tras acción, pero como parte de ese público me rehúso a aceptar que la interpretación hecha por el guionista/director y por los actores fue la más apropiada. Se muestra al sabio Sherlock como un genio desquiciado a quien Watson (que ya no es el sumiso, aquel personaje sorprendido por las deducciones hechas por Sherlock y dispuesto a aprender de él cuanto pudiera), debe cuidar y no dejar que se meta en más problemas de los necesarios para el buen desarrollo de la película. Nos cambiaron a Sherlock y a Watson, como estará de loco el mundo que ya ni Watson respeta a Sherlock en esta película, lo admira, sí, y es su compañero, también, pero la relación establecida en el libro no está ni remotamente mencionada.
Es claro que la película es de buena calidad, fotografía, actuación, efectos… pero es claro también que la adaptación de los personajes y su relación se pudo hacer de una manera más fiel, siempre cuidando el bolsillo de los inversionistas pero sin tergiversar a los personajes hasta volverlos un elemento de taquilla solamente. A mí que no me vengan con que Sherlock era violento por meter cocaína, eso en los libros, hasta donde he leído, no es verdad, debía ser como tomarse una copita de whiskey…
Lo elemental de Sherlock Holmes, mi querido Watson, se quedó en los libros por ahora…

Natali Romero

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