martes, 2 de marzo de 2010

Melancolía


Esta historia tiene desarrollo en un lugar pequeño del mundo que solo los que viven allí conocen; su nombre es Clara; llegué a este sitio por azar del destino, yo me dirigía a otro lugar pero los desvíos y la falta de orientación me revelaron esta pequeña calle con tan solo 4 divisiones o ramas; en la que únicamente encontré un hotel, el cual estaba vacío y cuyo dueño me miraba con gran… no lo sé, quizás deba decir curiosidad, su mirada era profunda como analizando cada una de las cosas que en mi traía; al igual que ellos mis sentidos exploraban este sitio con cierta decoración rara vez vista de donde vengo; para ser más explícita les contaré, para que la imaginación vuele y recree el sitio.
Entre al hotel y percibí ese olor, un olor extraño pero familiar, el me decía mira hacia la derecha junto a las escaleras, y eso hice; allí había una mujer con unas flores algo marchitas, en un jarrón con agua de color algo oscuro; ya sabía de que era el olor; se parecía al mismo de la plaza a la que iba con mi madre a comprar las verduras de la semana.
Al lado de la ventana había una balanza, no muy usual; yo diría puedes tener un cuadro; una cenefa; pero una balanza medio saliendo de la pared cerca a la ventana; para ser sincera causó gran curiosidad en mí.
El dueño me asigno la habitación número 201; segundo piso frente a otra que no tenía numeración para ser identificada y el color de la puerta era diferente de las demás. Ya estaba resignada a permanecer por lo menos dos días hasta que logrará solucionar mi problema de ubicación el cual se combinaba con el de una de las llantas del carro dañadas. Por ese día no me preocupe más y me fui a dormir; siendo las 4 de la mañana sentí ciertos ruidos al frente de mi habitación; mis oídos trataban de relacionarlos con otros escuchados anteriormente para poder descifrar de que se trataba, por más que agudizaba mis recuerdos no podía reconocerlos, se escuchaban como cuando se pasa un metal por un pedazo de madera, pero obviamente no era eso. Una hora después los sonidos pararon y volví a dormir.
Cuando me levante abrí levemente la puerta de mi habitación y entre escondida mire precavidamente el pequeño corredor y la misteriosa puerta sin número y de color diferente, al no ver nada que pudiera explicarme lo que había escuchado regresé a mi cuarto para tomar un baño; ciertamente este hotel tenía una construcción, como decirlo; novedosa mi habitación era perfectamente simétrica y el baño era un triangulo perfecto algo incómodo para ingresar.
A eso de las 10 de la mañana baje para preguntarle al dueño si había escuchado los ruidos la última noche; noté gran nerviosismo en sus palabras, decía no haber escuchado nada y miraba fijamente la balanza cerca de la ventana; no sé si era mi mente retorcida la que pensaba que se me ocultaba algo, aunque en cierta manera eso no importaba mucho porque iba a abandonar Clara en su próximo amanecer.
Salí del hotel a buscar un buen sitio para desayunar, en mi mano podía contar la cantidad de personas que vi en mi recorrido, por fin encontré un sitio, solo pensaba Dios Santo donde fui a caer; el dueño del restaurante tenía en su atuendo algo que llamó mi atención, parecía una G encerrada entre ciertas herramientas, no pude ver muy bien lo que eran, pero realmente era un símbolo que jamás había visto. Luego traté de buscar alguien que pudiera ayudarme con la llanta del carro y con la ubicación de donde estaba; pero fue algo de buscar pero no encontrar. Así que regresé al hotel, y cuando estaba en el segundo piso vi entrar una mujer de vestuario sobrio y clásico a la habitación en frente de la mía; apresuré mi paso para tratar de verla más cerca pero no pude; entré a mi habitación y entreabrí la puerta para mirar si volvía a salir; duré en la misma situación poco más de 2 horas; de pronto sentí 3 golpes en la puerta suaves y lentos, salí y era el dueño del hotel para decirme que quien podía arreglar mi carro y darme indicaciones regresaba al día siguiente, así que mi visita a Clara ya se extendería un día más.
Llegó la noche y allí estaban otra vez los ruidos, a la misma hora, pero ahora se sumaban gritos y llanto; no soporté la intriga que me generaba desconocer su procedencia, hasta que decidí ponerme en pie y con pasos suaves acercarme a la extraña habitación para tratar de oír algo más certero, abrí la puerta de mi cuarto y en puntas me acerque a la otra puerta y puse mi cabeza sobre ella; sentía cómo levantaban unos tarros de metal y el llanto constante de una mujer; logré escuchar algo así como unos golpes en la pared, traté y traté de descifrar cada cosa pero no podía hallar explicación; de repente mis pies, mi espalda, mis manos en fin todo mi cuerpo sintió pasar un intenso frío cuando alguien puso una mano sobre mi hombro derecho, voltee a mirar despacio y era el dueño del hotel con cara de enojo y nervios a la vez, con una voz gruesa y un poco gritada me dijo: es mejor que regrese a su cuarto, no busque lo que a su vida no pertenece; y yo sin otro remedio regresé a mi cuarto, pero ahí no terminaba mi curiosidad así que por debajo miré que el dueño entraba y salía inmediatamente con aquella mujer cargada y cubriéndole el rostro con una tela, esperé un momento a que bajaran y después tome algo para abrir la puerta ya lo había hecho en otras ocasiones así que no fue complicado, cuando logré entrar mi sorpresa fue mayor; las paredes estaba totalmente cubiertas por una imagen que se repetía y se repetía, en ella se veía un ángel escribiendo con una daga, y otro más pequeño a su derecha; también note la misma balanza que ví al lado de la ventana, un reloj de arena un becerro o al menos eso creí ver, unas herramientas en el suelo, una campana, números en una ventana, algo que llamó mi atención entre tantas formas fue una esfera en el suelo, tan redonda, tan perfecta, lo primero que pensé fue que es, de que se trata, por qué aparece tantas veces, miré a una esquina y allí habían unos tarros metálicos, esos eran los del ruido en uno de sus lados también estaba la imagen pero acompañada del mismo símbolo que tenía el hombre del pueblo; una G encerradas en las mismas herramientas; mi pensamiento seguía volando, quería saber la verdad; por qué tantas veces la misma imagen, por qué ese símbolo, por qué el dueño del hotel sacó a la misteriosa mujer de una forma misteriosa, porque ella se sentía llorar; pero no, ahora era el momento de ocultarse, oí unos pasos que se acercaban a la habitación, qué hago, dónde puedo esconderme, ya lo sé, entre el desorden del closet; el dueño entró con la mujer y la postró en la cama y empezó a decir una cantidad de palabras que no pude entender; por un descuido dejé caer la herramienta con que abrí la puerta y el dueño escuchó el ruido, se dirigió al closet y puso sus manos en él; mi corazón se aceleraba, vi como se empezaba a abrir la puerta, la mano del dueño ya casi tocándome; mi pensamiento deliraba y mi respiración era más rápida, qué pasaría en ese momento, que sería de mí si llegaba a descubrirme eso no lo diré aún, será algo que les contaré después.

VIVIANA MONTOYA SANDOBAL

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