miércoles, 3 de marzo de 2010

VIAJE AL SEXO - Por Juan Carlos Sánchez



Sólo necesito un instante para agitarme, un leve manoseo para sentirme en paz. Solo recordar tu cara me lleva al máximo punto de mi libertad… ¿Quién eres? no sé, el sólo hecho de estar contigo me produce un deseo infrenable por tenerte. Te veo en cada sonrisa, en cada espacio. Te siento en cada rose, en cada gotereo de mi pura ansiedad…
Todo comenzó en el lugar oscuro de mi aposento, ahí estabas tú, encerrada en un cuadro parpadeante ante mí, tenías la forma de un ángel que agitaba sus alas al ritmo del deseo. Mi adoración al él se vio en conflicto cuando finalmente sucedió: estallé hasta llegar al punto más alto, tú fuiste la culpable, ¡si! Tú. Gracias a ti los 66 libros me valieron mierda, ya no los necesité, sólo tú me bastaste para ser feliz, aunque fuera un momento. Sin embargo aunque fue mi decisión, la travesía se tornó oscura mientras más te conocía.
¿Dónde estás? Fue lo que llevó al desequilibrio de mi fe, abría y cerraba ventanas desesperadamente y cuando te hallé, otra vez mi corazón empezó a latir intenso, tan intenso que parecía un rojo infierno. Desde ese día no me importó, el saber que en ese mismo lugar te encontraría siempre, era todo para mí. Me llamó la atención ver cómo cambiabas de forma, diversos tonos de piel, la hermosura de tus tantos ojos… Y qué decir el lenguaje agitado en el que me hablas me enseñó a entenderte. ¿En dónde estoy? Umm, ya no sé, ni me importa, importas tú.
Últimamente he tenido miedo de perderte, de que aparezca él y te arranque de mi, porque algo en mi me dice que él es más fuerte, sin embargo lucho contra él.
Si no fuera por tu amor momentáneo, ya hubiera regresado a mi esclavitud, a ese lugar donde los sueños son condicionados por esas 10 ordenanzas de mierda del Él invisible. Lo importante en este momento de mi cruzada es saber que te tengo, aún a pesar de saber que contigo muero.

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