martes, 9 de marzo de 2010

CASTILLO DEL PLACER. NINI VILLEGAS



CASTILLO DEL PLACER
La noche ruidosa y brillante se extendía en olores en la calle del pescado; los vendedores de tilapias, truchas, bagre y demás animales marinos guardan cansados su equipaje y yo continúo mi paso sin detenerme a pensar, sólo camino peripatética y con mi constante monólogo interno que entre líneas me recuerdan a A. Pizarnik con mi nombre “Nini, Nini, bajo ese nombre estoy yo Nini”… Avanzo hasta la calle Tejelo con los ojos bien abiertos, observo el resplandor y la belleza de los vendedores ambulantes y su neurosis taxonómica por clasificar frutas, verduras, morcilla o cualquier otro alimento que allí se exhibe. Continúo mi paso lento pero seguro, monólogo interior continúa, personajes desconocidos van y vienen como ese eterno vaivén de las olas que ni me tocan porque no estoy dentro de ellos ni ellos dentro de mí.
Soy Nini la extraña transeúnte sin rumbo fijo, sin ley ni amo, con los ojos saltones y dispuestos a capturar cada paneo craneano, convertirlo en foto fija y hacer secuencias ficticias en mi mente - ¡Vaya ocupación!-, me dice la Nini bajo el nombre.
La noche se perpetúa brillante, estridente y olorosa; me detengo de pronto en la puerta de las escalinatas que llegan a la entrada de un motel. Observo una pequeña de ojos perdidos, minifalda, cachitos dorados en su cara, una combinación exagerada de diversidad de chulos, pinzas y cuanto accesorio existe, en su grasosa cabellera café, unas enormes plataformas fucsias, alrededor de 12 años bajo su escasa y microscópica ropa. Me da la espalda una calva que pertenece a un hombre mayor, camisa a cuadros, una botella de niquelado, mediana estatura, el hombre lanza propuestas y ofertas a la infanta.
Ninguno de los dos se percata de mi presencia, la pequeña chupa sensualmente su bom bom rojo mientras el viejo interrumpe mi observación, lanza un grotesco sonido y modula:
-¿Cuánto me cobra por esa cosita, mami?
La niña titubea y pregunta:
-¿Cuánto me puede dar?
El viejo degenerado toma un trago de su niquelado, enciende un cigarrillo, tambalea y expone sus necesidades:
-Sólo quiero una mamadita a ese gallito, es que niña usted está muy sabrosa.
La niña sonríe y da el monto de su monte de Venus:
-Entonces $ 2000 pero sólo una chupadita, ¡no más!
Concluye, le da otra chupada a su bom bom rojo, toma al viejo de su brazo y con dificultad sube el ogro las escalinatas del castillo del placer.
NINI VILLEGAS VELÉZ
Pintura: "Los amantes del círculo polar" Nini Villegas

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