martes, 9 de marzo de 2010

Mundo invisible de un bar


Esa noche, esa noche nunca había estado tan perdida en la mente de las personas, siempre me importó lo que hacía yo, lo que había conmigo alrededor no era tan fundamental; yo, yo vi un hombre, quizás de los que siempre estuvieron allí pero jamás vi, un atuendo agradable, jean azul, camisa blanca y chaqueta negra, de mirada lujuriosa y deseosa. Mi mente loca empezó a preguntarse de donde era, cómo se llamaba; más aún mi mente voló pensando que si yo pensaba eso qué pensaría las demás personas, observando alcancé a percibir otra que se sumaba a mi club de admiradoras para aquel hombre; ella decidió acercarse más a él, su mirada me decía que su imaginación empezaba a recrear un mundo en que únicamente ella y él cabían, creo que ella imaginaba lo desenfrenado que podría ponerse la situación si tan sólo bailara con él, viéndose con las manos conociéndose con ellas, saboreando lo frío de los labios en la noche, eliminando el último espacio de aire entre ellos; eso creo que piensa ella, ahora qué pensará él… la verdad no creo que piense creo que solo desea, sus ojos lo delatan, porque mira a otra mujer, como si esta tuviera algo muy dulce por todo su cuerpo, se acerca la toma por la cintura y la huele como si quisiera absorberla en ese instante, conservarla para sí, tomar todo lo que es.
Cuando volteo mi mirada logro ver que todas las personas que están en este establecimiento también anda en la creación de historias fugaces con personas fugaces, historia que solo están en sus cabezas; qué absurda infinidad de cosas pueden pasar en la mente de alguien utilizando el ser de otro alguien desconocido; así se forma una ciudad de los pensamientos que vienen y van, que duran más poco que nada en los que todos somos actores de perversiones, desnudos, disfraces; dioses y diosas del erotismo que toman contados segundos para desmenuzarse; así es como se forman mundos invisibles en las mentes de cada quien, en las que todos nos usamos a todos para formar los cuentos de los que nadie se entera.

VIVIANA MONTOYA

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