viernes, 25 de febrero de 2011

El sabor de la risa

Objeto (corcho de vino)

Ese día el corría por su vida, la risa y el desequilibrio delataban su historia, estaba una hora retrasado y sus padres preocupados lo esperaban en la sala de su casa. Pero en la calle todo era festejo, sus compinches de farra estaban igual, las risas y voces arrastradas hacían eco en la noche llena de folgor y sobretodo la sensación de un estado diferente al que siempre vio como real realzaron un poder que quiso experimentar por siempre.
La juerga fue planeada días antes, eran cuatro y estaban en la casa del más descontrolado y atrevido de todos. Llegaron al lugar en donde debían comenzar… ¡el bar de la casa! Probaron un licor de menta; era dulce al principio y un poco fuerte al final, luego decidieron tomar un trago de ron de marca cubana, el cual sugería finesa entre lo dulce y lo rustico. Para la siguiente degustación, sus caras estaban rojas y los labios tenían sed que sólo quitaba la curiosidad incontrolable de experimentar algo por primera vez. La casa estaba sola y el bar lleno de delicias que para el paladar de un experto sería el paraíso del alcohol. Pero no había más que cuatro jóvenes disfrutando de la vida y de las cosas que se hacen para cambiarla.

Decidieron entonces seguir adelante y nadar en ése nuevo mundo que les ofrecía descontrol y risa. El whiskey fue demasiado fuerte para su gusto, el vodka sabía a tinta de lapicero con aguardiente, pero hubo un licor que cambio las cosas para uno de ellos, la presentación era distinta, el olor era inquietante, el cuerpo fino y atractivo, el sabor inmejorable… el vino.

Para cuando habían terminado la degustación, todos le pertenecían al desorden, la calle fue el siguiente escenario a experimentar y fue tan buena que por eso corría por su vida, el tiempo no le bastó para seguir disfrutando con sus amigos, mientras que pensaba que jamás sus padres lo notarían. Una raíz se atravesó mientras corría, sus amigos no podían contener la risa por tal acontecimiento y él tampoco podía ocultar la oportunidad de sus tragos. Cuando miró a su casa mientras se sacudía la ropa de aquél aterrizaje imprevisto, sus padres lo observaban desde el otro lado de la calle. Al llegar a su casa entró apresuradamente para que no notasen su historia dejando a sus padres con la palabra en la boca. Saludo rápidamente y subió a su cuarto como alma que lleva el diablo y allí permaneció hasta el otro día.

Fue entonces cuando cometió el único error, el error que lo delataría, nadie le advirtió sobre el problema el borracho primíparo cuando llega a pilotear su cama…

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