viernes, 25 de febrero de 2011

UNA NOCHE PERFECTA EN EL BAR


Y la noche fue perfecta, al recogerla supo que no había mujer alguna que pueda semejarla. Para cuando llegaron al bar, se les olvido por completo sus problemas de pareja.
Una joven de unos 24 años estaba en la entrada del bar con un uniforme elegante de color negro con blanco y el logo del uniforme de color rojo, su rostro y maquillaje agradaban y hablaban del lugar. Al entrar corroboraron su imaginario, el lugar era una utopía para el amor, los tonos rojizos y oscuros en contraste con los tonos azules y blancos de la tecnología que había en la barra y en la misma utilería de lugar daban la sensación de elegancia pero también era algo descomplicado y romántico.

Estaban atónitos y fue difícil escoger el sitio de donde sentarse. Divisaron a lo largo de la entrada, justo al lado de la barra una mesa, con dos sillas rojas al parecer de acrílico y de contextura elevada, que sugerían un toque vanguardista.
Pidieron la carta y se sentaron posteriormente. Él ordenó un coctel fuerte y ella uno más delicado. Brindaron al tomar su primer trago y cada vez la comodidad y bienestar del lugar se apoderaba de ellos, comenzaron a hablar de las situaciones que los aquejaban, mientras sus ojos se perdían entre el espacio y la gente.
No había calor, no había frío, el clima era excelente, la compañía era perfecta, la atención no daba espera y la gente se sentía cómoda y contenta, algunos contintes emotivos que marcaba la música del lugar, moderna en su totalidad pero de una categoría que rayaba lo divino. Así se escuchaba, no muy suave, no muy fuerte, definitivamente marcaba la estructura del bar.

Rápidamente y después de varios tragos decidieron pasar a un mueble de cuero café, más bajo y cómodo que en la mesa en la que estaban… ¡fue perfecto! La concentración se perdía tan solo de verla hablar, él se sintió afortunado.

Luego de un rato, ella fue al baño, un mesero le sugirió la ruta ubicada, que seria a un segundo piso, subiendo las escaleras en forma de espiral. Mientras tanto él escaneo el lugar, encontrando que el sitio no obedecía mas que a dos propósitos, el amor y la amistad, la amistad que el bar brindó en su atención a dicha pareja satisfecha por la noche y por el lugar que los volvió a reencontrar.

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