sábado, 26 de febrero de 2011

Miércoles.
Un día cualquiera, no como los otros.
Después de un día gris, con nubes densas, espesas, amenazantes, llega el mejor momento del día, el atardecer. Siempre lleno de colores, inundadote con suspiros, en ese momento el mundo parece ralentizar, la ciudad va más lento, la extrañada gente tiene mas tiempo de sostener sus profundas, despectivas miradas, para ir a ocultar sus miedos y decadencias entre la oscuridad de la noche.
Esa es la hora de tomarse un trago, sentir ese mareo a esa hora cuando todo parece muy normal y no es común que uno este un poco roto, mareado, es la mejor forma de comenzar la noche caótica de la gran ciudad. En busca de un trago rápido y seco nos dirigimos al único lugar cercano donde ponen buena música y venden de esos tragos que están muy de moda, que son como coctelitos pero pequeños y mas agrestes; “shots”, este lugar con un nombre muy referenciado a mi parecer: “I SHOT DE SHERIFF” como la canción del viejo Bob, esa que sonaba aquel día en el bar del capitán nirvana cuando Sven y Max se conocieron, como es normal a esa hora el bar aun estaba solo, por esa extraña costumbre moderna, juvenil, de salir a la media noche, para estar de regreso en casa a la mañana, con lo que no tengo en absoluto algún problema, pero me reservo comentarios para entrar en detalle con el lugar; allí se escucha música reggae y mas tarde en la noche, con los efectos del trago, la rumba, la música, hasta bailan. Al momento de mi entrada solo había una pareja en una de las 5 mesas, echas todas con materiales reciclables, igual que las luces fabricadas con latas de aerosol que colgaban del techo para crear una luz tenue, que dejara ver los rostros y esténcil de las paredes, en el que es posible identificar a un hombre con dreads y un policía pidiéndole los papeles. Se acerca hasta nosotros una chica a ofrecernos la especialidad del lugar, los shots, después de pasar y repasar los nombres me pregunto y considero un error del lugar el que no coloquen en detalle el contenido del trago sino solo su nombre. Al fin recuerdo haber pedido un Jamaica, no logro recordar exactamente que trago era, pero estaba acompañado de naranja con café, una delicia, que yo diría se puede acompañar con un ron blanco, o vodka. En medio de la música una pareja entra al lugar, se sientan al fondo cerca de la barra, es curiosa la organización de las únicas 3 parejas que habíamos en el lugar, los primeros en llegar se quedaron afuera en la parte destapada del lugar, nosotros entramos un poco mas, como dos mesas mas adentro, y al final, los últimos en llegar con una mesa de por medio entre nosotros. Con lo que disfruto y hago rendir un trago, al cabo de un par de canciones termine el que tenia y quería experimentar con otro, creo que es lo mejor de esos “shots” puedes disfrutar de la combinación de sabores, entonces pedí un trago que empezaba con mamada, y tenia otra palabra que era como la especialidad, cuando llego desde que lo vi no me gusto su apariencia y efectivamente su sabor tampoco me convenció, fue tal la desilusión que no recuerdo bien su nombre y mucho menos que contenía.
Entonces, con la noche vinieron las ganas de caminar, de tomarse unas cervezas, dejar pasar el humo por nuestras gargantas hasta los pulmones, sentir ese mareito. Salimos del lugar, caminamos, una cerveza, dos cervezas, la noche, la lluvia.

Daniela Jiménez Mejía

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