lunes, 12 de septiembre de 2011

Bar

Aquella noche, era una noche fría pero sin lluvia, una noche desoladora.

Caminado por una calle cualquiera, miraba de lado a lado de los establecimientos, mientras decidía donde entrar y mientras tanto el frio penetraba mi piel. Camine unas cuantas cuadras mire de nuevo la otra calle y vi aquel lugar, me llamo la atención, pase la calle sin carros y entre allí. Mientras subía las pocas escalas una mesera alta, piel blanca y cabello rojo me entregaba la carta y me decía algo de las promociones; no la escuche, seguí con la carta en mi mano al único sofá blanco, en la mitad azul que estaba solo, mire las burbujas blancas que rodeaban el lugar que tranquilidad transmitía este sitio.

Llame a la mesera para pedir algo de tomar, ella vino donde mí mirándose primero en el espejo que estaba en mi espalda; cada vez que ella pasa cerca del espejo, se miraba y retocaba su cabello.

A la hora tal vez dos llego un hombre alto, acuerpado y muy serio, se sentó en la barra y sin quitarle los ojos a la mesera de cabello rojo se tomó 4 cervezas, cuando creí que iba a pedir otra cerveza, llamo a la mesera se acercó y le dijo algo en su oído, se paró y fue al baño; la mesera se quedó un poco atónita pero siguió haciendo su trabajo unos minutos hasta que vio el reloj y fue al baño de hombres, con una trapeadora en la mano; quizá para disimular, quizá para limpiar, no lo sé.

Después de un largo tiempo salió él del baño como si nada hubiera pasado, como si hace apenas un minuto estuviera adentro, fue hacia la barra pidió copio algo en la servilleta, no alcance a ver que era, saco un fajo de billetes del bolsillo lo envolvió en esta y se lo entrego al mesero diciendo que era para la de cabello rojo, se marchó y no lo volví a ver en toda la noche; ella salió en ese instante del baño con su trapeadora en la mano como si nada hubiera pasado fue hacia la barra y el mesero le entrego el recado, ella lo vio mientras se secaba las lágrimas que caían por su rostro, tal vez de felicidad, tal vez de remordiente, no lo sé.

A las 2 de la mañana salí de aquel lugar de burbujas blancas en la pared azul mientras el humo curia el sitio sintiéndome en el cielo del pecado.

PAULA ANDREA ZAPATA

No hay comentarios:

Publicar un comentario